No estoy bien y conozco mis “Masomenos” y los “Masomenos: se viene, se viene”. Tengo que pararlo ahora. No debería importarme si quiero o si no. Dentro de un par de semanas no me va a importar ni dónde vivo.
Pero parar implica un cambio. (chiquito o no) Y a mi me está pintando quedarme tirada en el sillón.
No sé con quién hablarlo, mi psicóloga me dedica 30 minutos (que esos 30 siempre son 20) de sesión en toda la semana y lógicamente no me alcanza. Termino la primera oración de una frase y ya me dice: Bueno, cortamos acá. Nos vemos la semana próxima. ¿Qué, qué qué, quéééééé?! (la música se paró, ¿Por qué diablos no empieza la canción?!)
No me servís psicóloga de 20 minutos por semana y ya sé que no hay opción de que se alargue más la sesión porque tenes otros pacientes y ya sé que seguro me dirías “pero vos tenés otros grupos en la semana donde podés hablar y gente las 24 horas del día”.
Esa gente está también intentando salvarse a sí misma con sus 20 malditos minutos de terapia semanal. Somos como peces flotando fuera del agua, ahogándonos con nuestros propios problemas.
No puedo conmigo misma, la verdad no tengo control, al menos hoy. Y no puedo seguir comiendo tapando las palabras.
Pero tampoco puedo seguir así, encerrada todo el día, haciendo nada, deprimiéndome con la televisión y la computadora. Se me da la excelente oportunidad de continuar el colegio y yo qué hago? Corro despavorida saltando como si tuviera una maldita cucaracha encima. Con o sin cucaracha voy a hacerlo. NO es exigencia, a verrr. Todos me dicen: “Capaz no estés preparada y lo tengas que postergar para más adelante, quizás es mucha exigencia.. ” ¿De qué me estan hablando? Exigencia de qué? Si ni siquiera empecé.
En fin.






